Alegorías planetarias en el Códice «De Sphaera»
Las imágenes del Códice “De Sphaera” o "Acerca de la Esfera" -cuya denominación latina es una forma genérica de llamar a los compendios astronómicos y astrológicos de la Edad Media y el Renacimiento- son realmente bellas y llamativas; y aunque la obra contiene imágenes astronómicas y alegorías astrológicas; también se pueden apreciar imágenes de la vida cotidiana de la época.
La Astrología y Astronomía, históricamente, tuvieron un origen común: el estudio del cielo. Astrología y Astronomía eran una sola disciplina científica en la Antigüedad y hasta el Siglo de las Luces se separan; por ello, no es de extrañar que sus estudiosos se dedicasen a indagar tanto cuestiones astrológicas como astronómicas.
La expansión del Islam y su cultura hacen de puente y devolvieron retazos de la ciencia clásica a Occidente, y tradujeron algunos libros griegos, como el «Tetrabiblos» de Ptolomeo y otras obras de clásicos filósofos griegos, y gracias a ello, resurgió en Europa la tradición astrológica, con figuras como Alberto Magno, Bacon, Nicolás Flammel, etc.
Ahora bien, al mismo tiempo que se conseguía que la Astrología se instalara por méritos propios en las universidades - ya en 1125 se abre una cátedra de Astrología en la Universidad de Köln-; y a nivel popular, entre los campesinos, la Astrología vuelve a estar íntimamente relacionada con la magia y la hechicería.
El campesino medieval vivía sus labores basándose en el ciclo de los astros, de la Luna y del Sol.
En el Renacimiento; el interés del ser humano regresó hacia el Mundo Clásico, hay una gran inquietud por las ciencias de la naturaleza, y los fragmentos de la antigua magia se incorporan a estas tendencias culturales. Las cruzadas han acercado el Oriente al Occidente, y éste se siente fascinado por los misterios orientales. El Renacimiento también lo fue para la alquimia, la magia y la Astrología, que pasarían a ser ramas definidas del conocimiento y que incluso atraen a ellas a altos prelados de la Iglesia Católica. Es más, se sabe que los astrólogos estaban introducidos en el Vaticano. El Papa Julio II era estudioso de la Astrología, y Pablo III intentó que el famoso médico, matemático y astrólogo Cardano trabajara para él. Las nobles familias –como las familias Sforza y Visconti o los Médici- protegían y alentaban a los astrólogos; y los monarcas europeos los tenían a su servicio; para citar ejemplos tenemos el caso de Regiomontano (1436?-1476) quien fue patrocinado por el rey de Hungría, o el famoso Nostradamus (1503-1566) quien fue el astrólogo de la reina de Francia Catalina de Médicis; o Leonardo Torrini (1560-1628), quien era ingeniero, pero además astrólogo y estaba al servicio de Felipe II.
Durante la Edad Media estaba en vigor la cosmología ptolomeica, que colocaba a la Tierra en el centro del Universo. Pero fue Copérnico (1473-1543) quien, estudiando a los antiguos sabios griegos retomó la idea de que el Sol, y no la Tierra, es el centro del universo, y la Tierra gira a su alrededor, al mismo tiempo que sobre sí misma. Esta idea ya fue apuntada por Aristarco, 1800 años antes. Copérnico no quiso publicar sus obras hasta ser anciano, y vio la primera copia de su libro «De Revolutionibus Orbium Coelestium» cuando estaba en su lecho de muerte.
En 1456 nacía Tycho Brahe, gran observador que se oponía a las teorías de Copérnico. Su contribución a la Astrología se debe más a sus observaciones que a sus teorías, ya que introdujo nuevas normas de precisión en los cálculos astrológicos. Ayudante suyo fue Kepler, quien expuso las leyes de los movimientos planetarios.
En esta época, aparece un mago y astrólogo importante, Enrique Cornelio Agripa, nacido en Colonia el 14 de septiembre de 1486, de signo astrológico Virgo, y de profesión médico, astrólogo, alquimista y soldado, que escribió un interesante libro, «De occulta philosophia» -obra en abierta oposición con la física aristotélica académica de aquel tiempo-, en la que enaltecía la unidad de la naturaleza: ... «Hay por lo tanto un alma universal, una sola vida que llena y corre por todas las cosas, uniendo y ligando todas las cosas con sí misma de tal modo que resulta una unidad de todo el mundo»...
En este contexto, también surgieron obras como el Códice «De Sphaera», que reflejaban la cosmovisión de la época, en la que a todos los astros conocidos hasta entonces se les denominaba genéricamente “planetas”; es decir, tanto al Sol como a la Luna se les consideraba como planetas. Esta genérica denominación resultará menos rara o incorrecta hoy en día, si se tiene en cuenta que la palabra planeta proviene de un vocablo griego que significa "errante" y que con esta terminología se pretendía destacar la diferencia que existía entre esos 7 cuerpos celestes o astros conocidos hasta entonces: Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, que parecían moverse a su antojo por el cielo y el resto de las "estrellas fijas", que siempre conservaban sus posiciones relativas sobre la esfera celeste.
En el códice «De Sphaera», se representan alegorías astrológicas con deidades griegas o la visión antropomorfa de cada planeta o astro. Se ilustran también escenas de la vida cotidiana ejemplificando la influencia de los astros o su regencia en determinados aspectos de la vida de los seres humanos.
Dentro de la iconografía del códice «De Sphaera» se puede apreciar, en primer término, la alegoría de Saturno. El planeta es aludido con la imagen de un anciano con claras muestras del paso del tiempo tanto en su cuerpo como en su estado físico, se le representa apoyado en una muleta y portando una hoz. El significado de la muleta hace referencia a las estructuras como puntos de apoyo que el ser humano requiere en la vida social o moral; y la hoz representa la capacidad de segar o cortar de tajo lo que ha llegado a su fin (el metabolismo, la existencia...). Estos atributos sugieren la idea de los límites a los que está sometida, por ende, la vida humana. En aquel tiempo Saturno se asociaba como planeta regente de los signos de Acuario y de Capricornio; por ello, es que se ven representadas esas alegorías zodiacales junto con la del planeta de Saturno. La lámina del códice dedicada a Saturno muestra también diferentes escenas de la vida cotidiana que remiten a las formas organizativas que regulaban a la sociedad, así como a la idea del castigo por las transgresiones legales. En la ilustración complementaria a Saturno, se representa una ejecución herética en el patio de un castillo. Las restricciones, la cárcel, los daños y desgracias estaban asociadas con el maléfico planeta Saturno, pero también era asociado a la conservación de las estructuras y al ejercicio de la autoridad, que en aquella época tenía el Santo Oficio de la Inquisición. Quizá el artista haya querido representar en el códice, las penurias, los castigos, lo punitivo, las restricciones, todo ello regencia o influencia de Saturno en la vida humana, exponiendo de este modo una caracterización maléfica del planeta.
La iconografía de la Luna ha sido tradicionalmente asociada con la madre, quizá por ello el artista dibuja a una mujer que denota en su cuerpo las marcas dejadas por la gestación o el embarazo (lo que se evidencia más si se la compara con la esbelta figura que el artista hace para la alegoría venusina en el mismo códice). Los atributos que lleva la representación de la Luna, son: en una mano, una antorcha, que significa que el cuerpo celeste carece de luz propia, lo que además se aprecia en el fondo del astro representado en color obscuro; sugiere además su habilidad para emplear la luz ajena en el ámbito de lo cotidiano y de lo doméstico, es decir, en el hogar. En la otra mano la figura sostiene un cuerno de caza, lo que evoca su asociación con la deidad greco-romana Artemisa o Diana (diosas lunares del Mundo Antiguo vinculadas a la caza). La mujer lunar está posada sobre dos ruedas, que bien pueden representar los ciclos lunares. Se observa además, la representación del signo de Cáncer. En la parte inferior de la imagen se describe la influencia de La Luna en los mares con una escena marina. La lámina complementaria de la Luna representa las labores agrícolas, pesqueras, el influjo lunar en las aguas; se representa además al pueblo, el estamento de los laboratores, sus casas, familias, todo ello regencia de la Luna.
Pero, resulta muy curioso descubrir a un bateleur (prestidigitador o malabarista ambulante, profesión muy común ejercida en Edad Media y el Renacimiento), se trata de una figura muy parecida a la que aparecerá en el Arcano Mayor I o “El Mago” de los Tarots denominados de Marsella a mediados del siglo XVII.
Recordemos que el códice De Sphaera, fue creado hacia el año 1470, y hay evidencias de que el Tarot Visconti-Sforza fue creado en el siglo XV también (circa 1412, 1447, 1450), según los mazos históricos conservados en Yale. Con lo cual, desde el punto de vista artístico, en el Códice De Sphaera, existe un antecedente a los grabados del Arcano I de los tarots denominados de Marsella. A nivel iconográfico, existe una clara diferencia entre el prestidigitador que en el códice aparece asociado a la Luna y aquel que aparecerá más tarde representado en las cartas del Tarot. En la lámina del códice De Sphaera, se le representa actuando ante un público, en el Tarot aparecerá como una figura solitaria. Su interpretación es aquí diferente a la que tendrá en el Tarot. El malabarista de esta lámina, al estar rodeado de gente, alude a las diversiones y entretenimiento popular, como actividad de espaciamiento y descanso después de las duras faenas laborales de la Edad Media. El pueblo se reunía para tener un rato de ocio, y los saltimbanquis, trovadores, ilusionistas, malabaristas, alimentaban la imaginación de la gente a través de trucos de magia y de ilusionismo; y esa ensoñación, magia o ilusión hacía las delicias de aquellos campesinos o comerciantes, este es el simbolismo astrológico asociado a la Luna en el códice De Sphaera.
- Samek Ludovici, Sergio: 1958, Il "De sphaera" estense e l'iconografia astrologica, Ed. A. Martello, Modena.
- Zuffi, Stefano; Novellone, Alessandra: 2009, Arte e zodiaco: storia, misteri e interpretazione dei segni zodiacali nei secoli, Ed. Sassi, Roma.
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