Mitos, arquetipo e interpretación de Cáncer

Cáncer


Los mitos relacionados con la constelación de Cáncer se encuentran entre los más complejos de todo el zodiaco, ya que no se relacionan con el arquetipo asociado al signo de Cáncer: La madre.
Los mitos maternos se originaron con un ser primordial que representa el caos. Puede ser una diosa o un ser andrógino o dual que se separa para crear el universo. En la mitología griega, la diosa madre principal es Gaia (Gea), que es una personificación de la Tierra y fue la primera en nacer del caos. Ella es la hermana / amante de Ouranos (Urano), dios del cielo, y juntos crean el universo manifiesto. Gaia es la madre ancestral de la vida, y de ella vinieron todos los otros dioses, incluidas las tres Moiras, o Parcas, que tejen la red de la vida.

Mitos de Cáncer



El mito de Karkinos, Heracles y la Hidra de Lerna
De otra historia de amor de Zeus, esta vez con la más bella y la más sabia de todas las mortales: Alcmena, nació Heracles (o Hércules como lo llamaron los romanos). La esposa de Zeus, la diosa Hera, furiosa por su deslealtad, trató de evitar el nacimiento del niño, su crecimiento y su vida normal. Finalmente, logró llevar a Heracles al estado de locura que lo hizo matar a su esposa e hijos. Cuando recuperó la sensatez, fue a ver a la sibila en Delfos con la esperanza de encontrar la redención.
La sibila délfica le dijo que buscara la redención al servicio del rey Euristeo, donde pasó 12 años y completó doce famosas tareas o trabajos que lo convirtieron en el héroe más grande de la antigua Grecia. La segunda de esas tareas fue la orden de matar a la hidra de Lerna. Durante la batalla en la que Heracles estaba seccionando las cabezas de la hidra con la esperanza de cortar la que le daba la inmortalidad, Hera envió al gigantesco cangrejo Karkinos (o Carcinos) para distraerlo en la batalla. El cangrejo logró morderle el talón, pero Herácles lo aplastó y mató al monstruo. En señal de gratitud y recompensa por la obediencia y el sacrificio del cangrejo, Hera colocó su imagen entre las estrellas y, por lo tanto, se formó la constelación de Cáncer. Se dice que ninguna de sus estrellas es brillante porque el cangrejo no logró cumplir su tarea.
Hércules, en cambio, completó con éxito su trabajo, incluso sumergió las puntas de sus flechas en la bilis venenosa de la hidra muerta, lo que le ayudó en sus batallas posteriores, sin saber que muchos años después, como se cuenta en otro mito, esas flechas serán indirectamente la causa de su muerte.
Hera envió al cangrejo porque odiaba a Heracles y a menudo alentaba su fracaso. Sus doce trabajos fueron un intento de expiar su crimen. Pero la furia loca que llevó a Heracles a matar a sus propios hijos y a dos de sus sobrinos con sus propias manos, fue causada por Hera, que estaba resentida por su potencial heroico.

Hércules representa el ego heroico que lucha por definirse como un individuo.

“El cangrejo es aquí el cáncer arcaico para quien la maternidad lo es todo, y para quien el padre es simplemente el proveedor de la semilla. Este elemento más regresivo en Cáncer se enfrenta al reclamo del ego de conciencia y libertad de elección, al igual que la arquetípica Madre Terrible prefiere luchar e incluso destruir a su hijo en lugar de permitirle escapar de su dominio.”

- Liz Greene, The Astrology of Fate


El mito de los asnos y la huida de Dioniso y Hefesto
Algunas estrellas de esta constelación reciben el nombre de Asnos, y fue el dios Dioniso el que los elevó al cielo. Anexo a ellos se encuentra el llamado ‘Pesebre’. Cuenta el mito que cuando los dioses partieron a la guerra contra los Gigantes, los dioses Dioniso y Hefesto, y unos sátiros subieron a lomos de unos asnos; cuando aún los Gigantes no los habían divisado, los asnos se pusieron a rebuznar hallándose a corta distancia de los Gigantes que echaron a correr asustados al oír los rebuznos. En recompensa por dicha acción los asnos pasaron a formar parte de la constelación de Cáncer.
En la parte central de la constelación se puede ver un cúmulo estelar (M44), llamado por los astrólogos Praesaepe, con aproximadamente 40 estrellas visibles. En el origen de la palabra Praesaepe hay varios posibles significados: ‘pesebre’, ‘colmena’, ‘comedero’ o ‘cuna’. El cúmulo estelar está rodeado por dos estrellas Asellus Borealis y Asellus Australis, que simbolizan dos asnos (Asno Boreal y Asno Austral) y da la impresión de estar flanqueado por los asnos. En la actualidad se le ha dado el nombre de ‘Colmena’ al cúmulo estelar que los antiguos denominaban ‘Pesebre’.


El mito de Leto
Las diosas titánides Leto y su hermana Asteria, fueron veneradas como diosa de luz del día y la maternidad y diosa de la noche y de los oráculos nocturnos y las estrellas fugaces, respectivamente. Eran hijas de los titanes Ceo, titán de la esfera celeste de polo a polo; y su madre, la titánide Febe, cuyo nombre es el epíteto de «pura» y «purificadora» luna llena.
Leto nació en Hiperbórea, una región más allá de Tracia, más allá de los nevados montes Ripeos, en el lejano norte. En el esquema olímpico, Zeus es el padre de sus gemelos, Apolo y Artemisa, que Leto concibió después de que su belleza oculta accidentalmente llamara la atención de Zeus. Los mitos griegos clásicos registran poco sobre Leto, aparte de su embarazo y su búsqueda de un lugar donde pudiera dar a luz a Apolo y Artemisa, ya que Hera en sus celos hizo que todas las tierras la rechazaran. Finalmente, encontró una isla que no estaba unida al fondo del océano, por lo que no se consideraba tierra y pudo dar a luz. Esta es su única función mítica activa: una vez que Apolo y Artemisa se criaron, Leto se retiró a su lugar de nacimiento convertida en loba, para seguir siendo una diosa escondida (lo que alude al significado de su nombre ‘la oculta o la velada’ como la describe Hesíodo: "Leto con velo oscuro" en Teogonía), una vez que desempeñó su rol como matrona benévola del Olimpo.
En la mitología romana Leto es la equivalente romana de la diosa Latona, una latinización de su nombre, de la influencia etrusca Letun, madre de los dioses romanos Apolo y Diana.
Cuenta el mito que antes de relacionarse con Leto, Zeus intentó seducir a su hermana Asteria, aunque no lo consiguió pues la diosa lo rechazó, pero este no se dio por vencido y comenzó a perseguirla hasta que ella, presa de la desesperación, se convirtió en codorniz como la única manera de escapar de él y cuando tuvo la oportunidad, se arrojó al mar para convertirse en la isla flotante Ortígia, la isla de las codornices. Isla en la que más tarde se refugiará su hermana Leto para dar a luz a sus hijos, que por no tener nada que perder y por amor fraternal, acogería a su hermana.
Zeus al ver a su amada irse, dirigió entonces todo su interés en Leto, quien, si le correspondió, entregándole todo su amor y de este amor, se engendraron a los mellizos Artemisa y Apolo.
Cuando Hera, reina de los cielos y la tierra, la más conservadora de las diosas, y la que tenía más que perder en los cambios en el orden de la naturaleza, descubrió que Leto estaba embarazada y que Zeus —su esposo— era el padre, se dio cuenta de que la descendencia consolidaría el nuevo orden cósmico siendo incapaz de detener el flujo de los eventos, llena de cólera y cegada por los celos, maldijo a Leto, y le prohibió dar a luz en tierra firme y bajo la luz del sol, evitando que cualquiera le diera refugio en el parto, incluso prohibió firmemente o retuvo a su hija Ilitía, la diosa del parto, los nacimientos y las comadronas, que ayudara a Leto a parir, por lo que Leto tuvo que vagar desesperada buscando un lugar que estuviera fuera de la cólera de Hera para tener a sus hijos; pero la gente no la dejaba tener a sus hijos cerca de sus hogares, por miedo a la ira de Hera. Hera persiguió a Leto y logró que nadie la acogiera y parecía que no había lugar en toda la Hélade dispuesto a ofrecer un refugio a Leto, por lo que deambulaba desesperadamente y sin rumbo. Además, Hera le pidió a Gea instara al monstruo Pitón —la serpiente dragón— a que persiguiese y devorase a Leto y a sus hijos cuando nacieran.
Zeus compadecido ante las desgracias de Leto, la hizo llegar hasta Ortigia, la isla flotante y árida que vagaba en constante movimiento por los mares y era la que una vez fue su hermana. Leto tenía un retraso de 9 días en el parto, y sus dolores conmovieron a los dioses, que hicieron que naciera primero Artemisa para ayudar a su madre en el alumbramiento de Apolo. La virginal Artemisa fue adorada posteriormente como una diosa de la fertilidad y los partos en algunos lugares de la antigua Grecia, asimilando a la diosa Ilitía, ya que según algunas versiones había ayudado a su madre en el parto de su gemelo. Además fue asociada con la Luna.
Poseidón, por petición de Zeus y para proteger a Leto de Pitón en el momento del parto, rodeó la isla de unas profundas tinieblas, y así lejos de la luz del sol, Leto pudo tener a sus hijos, y cuando el monstruo Pitón los buscaba para devorarlos, no los vio y pasó de largo hasta situarse en las laderas del Monte Parnaso.
La mayoría de los relatos coinciden en que la isla flotante de Ortigia —cuyo nombre arcaico era Asterios—, no era tierra firme, ni una isla real y que por ello, Leto dio a luz allí, prometiendo la riqueza de la isla a los fieles que acudirían al oscuro lugar de nacimiento del dios espléndido que iba a venir. La isla fue rodeada de cisnes y quedó fijada al fondo marino por cuatro columnas y cambió su nombre por el de Delos, que significa brillante —por Apolo, dios de la luz y del Sol—, y más tarde se convirtió en el lugar de culto y consagrada al dios Apolo.



En otra de las versiones del mito de Leto, recogida por Higino, cuando Hera descubrió que Leto estaba embarazada de Zeus, prohibió que diera a luz en cualquier lugar donde iluminara el Sol. Además, envió a la temible serpiente Pitón para que asesinara a Leto en el trance del parto. Pero Zeus envió al viento Bóreas para que recogiera a Leto y la llevara junto a Poseidón. Éste la llevó a su vez a la isla Ortigia y cubrió el lugar con una bóveda formada por sus olas. Allí, sin contravenir la prohibición de Hera, Leto dio a luz a Apolo y a Artemisa aferrándose a un olivo. También se dice que Ilitia acudió en su ayuda finalmente y que en cuanto puso un pie en la isla, nacieron los mellizos, sin que Leto tuviera más dolores.
Según la versión más tradicional, Artemisa nació antes que su hermano, pero en la isla de Ortigia (Estrabón, indica que Ortigia era el nombre antiguo de la isla Renea) y que posteriormente ayudó a su madre a dar a luz a Apolo, en una isla distinta, en Delos, ya que la diosa Ilitía no acudió en ayuda de Leto. Se decía también que Zeus transformó a Leto en una codorniz para evitar que Hera descubriera su infidelidad. También se cuenta que Hera secuestró a Ilitía, la diosa de los partos, para evitar que Leto diese a luz. Los demás dioses engañaron a Hera para que la dejase ir en auxilio de Leto, ofreciéndole un collar de ámbar de ocho metros de largo. Pero, la mayoría de las versiones coinciden en que primero nació Artemisa y que esta ayudó a nacer a Apolo, o que Artemisa nació un día antes que Apolo, en la isla de Ortigia, y que ayudó a Leto a cruzar el mar hasta la isla de Delos al día siguiente para dar a luz a Apolo. Apolo nació el séptimo día de Targelión del calendario ateniense, según la tradición delia; o en el mes de Bisio según la tradición délfica, y se corresponden aproximadamente con el mes de mayo. Los días séptimo y vigésimo, lunas nueva y llena, estuvieron desde entonces consagrados a él.

La ira de Hera contra Leto no se detuvo allí. Cuando Leto estaba vagando por la tierra después de dar a luz a Artemisa y Apolo, perseguidos por la enfurecida y celosa diosa, Leto y sus mellizos llegaron a un estanque, y cuando iba la madre a dar de beber a sus hijos, unos campesinos, instigados por Hera, removieron el agua y la enturbiaron con el barro. Leto los convirtió en ranas por su falta de hospitalidad, condenados para siempre a nadar en las aguas turbias de los estanques y ríos. Otra versión cuenta que fue Zeus quien los castigó convirtiéndolos en ranas.
Hera no transigía en su venganza contra Leto, y mantenía la orden encomendada a la serpiente dragón Pitón, monstruo ctónico, de perseguir por todo el mundo a Leto y matarla. Cuatro días después de su nacimiento, y para vengar los sufrimientos y la difícil situación que había pasado y pasaba su madre, Apolo suplicó a Hefesto un arco y flechas para protegerla. Tras recibirlos, Apolo se dirigió directamente hacia el Monte Parnaso, donde habitaba la serpiente dragón, y le persiguió hasta el oráculo de Gaia —o Gea— en Delfos, donde arrinconó a Pitón en una cueva sagrada de Delfos; allí se atrevió a penetrar en el recinto sagrado y matarle con sus flechas al lado de la hendidura de una roca donde la sacerdotisa se sentaba en su trípode, junto a la fuente de Castalia. Esta fuente era la que emitía los vapores causantes de que el oráculo de Delfos hiciese sus profecías. Apolo mató a Pitón, y posteriormente se hizo cargo del antiguo hogar de la serpiente y del oráculo primitivo de Gaia que presidía o vigilaba Pitón, pero fue castigado por ello, ya que Pitón era un hijo de la diosa Gaia. Por lo que Zeus ordenó a Apolo que se purificara por el sacrilegio cometido e instituyó así los Juegos Pitios —juegos funerarios regulares en honor del héroe muerto Pitón—, sobre los cuales Apolo presidiría, como penitencia por su acto.
Otras fuentes afirman que los Juegos Pitios se inauguraron para celebrar que Apolo había matado a la serpiente. Apolo, a pesar de tener solo unos pocos día de nacido, juró vengarse de Pitón y prometió matarlo. Mientras tanto, el monstruo había huido a Delfos y se había escondido allí. Apolo lo siguió y, después de una feroz batalla, le mató. Luego de enterrar el cuerpo, Apolo fundó el oráculo de Delfos. Sin embargo, al matar a Pitón, Apolo había cometido un crimen y Zeus declaró que tenía que pagar por su transgresión. Apolo instituyó los Juegos Pitios para pagar por la muerte de la serpiente. Según otra versión, Apolo se exilió en la tierra de los hiperbóreos (la patria de su madre) y fundó los Juegos Pitios a su regreso, como un signo de celebración. La suma sacerdotisa del oráculo en Delfos fue distinguida y llamada desde entonces con el epíteto de Pythia o Pitia (la palabra ‘pitonisa’ deriva de ello), por el nombre del lugar donde yacieron los restos de la serpiente asesinada por Apolo. La suma sacerdotisa del Templo de Apolo en Delfos que también servía como oráculo, comúnmente conocido como el Oráculo de Delfos.
Hera envió entonces al gigante Ticio, deidad menor de lujuria desenfrenada, instigado por la celosa diosa a violar y matar a Leto. Ticio la asaltó, rasgando sus vestidos e intentó violarla. Esta vez Apolo fue ayudado por su hermana Artemisa en la protección de su madre. Sus gritos atrajeron a Apolo y Artemisa, quienes acabaron con el monstruo ctónico con sus flechas. Según otras versiones, durante la batalla, Zeus cedió finalmente su ayuda y lo fulminó con un rayo, al ser Ticio inmortal, fue arrojado al Tártaro, despatarrado en el suelo, sujetado a una roca, donde dos buitres o dos serpientes comían eternamente su hígado.
Apolo y Artemisa fueron grandes protectores de su madre, y también la defendieron de las burlas de Níobe, la esposa de Anfión, del que había tenido 14 hijos: 7 varones y 7 mujeres, y se burló de Leto por su escasa descendencia. Para castigar esta insolencia, Leto rogó a Apolo y a Artemisa que la vengasen de Niobe y defendieran su honor. Obedientes a su madre, los mellizos matan a los hijos de Niobe, dejándola sin hijos, y su esposo, ante lo ocurrido se suicidó. Niobe no pudo moverse del dolor y se convirtió en roca, pero aun así continuó llorando, y su cuerpo fue transportado a un pico de alta montaña en su tierra natal.
Otras versiones cuentan que Níobe por jactarse de sus hijos ante Leto, que solo tenía dos, fue castigada a ver morir por las flechas de Apolo y Artemisa a todos sus hijos (el número varía según las fuentes) por la afrenta, con excepción de su hija Melibea, que al presenciar la muerte de sus hermanos adquirió una palidez proverbial que no abandonaría nunca y por la cual fue llamada Cloris a partir de entonces. Su padre, Anfión, al ver a sus hijos muertos, se suicidó o fue asesinado por Apolo por haber jurado venganza. Devastada, Niobe huyó de regreso al monte Sípilo y se convirtió en piedra, y, mientras lloraba sin cesar, las aguas comenzaron a salir de su tez petrificada. El Monte Sípilo tiene una formación rocosa natural que se asemeja a un rostro femenino, y se ha asociado con Niobe desde la Antigüedad.
Pero la ira de Hera seguía siendo inagotable e incansable, por lo que Leto se vio obligada a huir a la tierra de los Hiperbóreos, su lugar de nacimiento y de residencia, transformada en loba. Es debido a esto que Apolo recibía el epíteto de Licógenes que quiere decir hijo de lobo. Leto se retiró quedando como una sutil deidad matronal benevolente sobre el Olimpo, oscura y apacible, cumplida ya su misión.
El lobo en Grecia era llamado lycos. En griego antiguo, los dos términos utilizados para las palabra luz y lobo eran tan cercanos que a veces terminaban confundiéndose: Apolo Licio según las interpretaciones designaba tanto al dios de la luz como al dios lobo o hijo de lobo.
El lobo era también el emblema del dios solar Apolo por su labor de vigilancia.
Otra versión del mito cuenta que, para proteger a Leto de la ira de Hera, Zeus la transformó en loba gris y la condujo a la isla de Delos donde dio a luz a dos niños: Apolo y Artemisa. Teniendo un lobo por madre, recibieron el sobrenombre o epíteto Lykaios (Liceo ‘lobuno’), Artemisa Lykaea (Artemisa Licea) y Apolo Lykeios (Apolo Licio).
El Lykeion (Liceo), creado por Aristóteles, se situaba en un gimnasio al lado del templo de Apolo Lykeios.
En Delfos, el templo de Apolo estaba vigilado por un lobo de bronce, en memoria de los lobos verdaderos que habrían protegido los tesoros del templo contra los ladrones.
Apolo está particularmente asociado con Boreas, el viento del norte o 'devorador', quien habitaba en Hiperbórea, la tierra natal de su madre. Boreas fue padre de tres gigantes hiperbóreos sacerdotes de Apolo.

Si bien el mito de Leto no hace alusión nunca a la constelación de Cáncer, si contiene simbología que está presente en el signo astrológico. Leto, la madre, lo divino femenino que dará a Luz a la dualidad: alma y ego (Artemisa y Apolo), que instaurarán un nuevo orden. Apolo se enfrenta a la Madre Oscura a través de su criatura (Pitón) protectora del oráculo primigenio.




Arquetipo de Cáncer en astrología.
Cáncer es un signo femenino y está regido por la Luna. Está equilibrado y complementado por el signo opuesto de Capricornio, gobernado por Saturno.
Cáncer puede tener un complejo materno, pero en realidad es una versión disfrazada del deseo de reconectarse con lo divino femenino. A menudo se proyecta en una tendencia a buscar a alguien o algo que lo cuide y le dé sentido de pertenencia. Pero esta búsqueda de seguridad emocional y raíces solo se puede encontrar en el interior.
El glifo de Cáncer simboliza a una madre que cría a un bebé en su seno, dos almas en una unión amorosa. Al igual que las pinzas de un cangrejo, los dos arcos de receptividad y conciencia del corazón se extienden desde los centros creativos de los dos individuos, la realización completa de los lazos familiares. El símbolo revela la unidad de toda la vida. A medida que gira y se expande, nos invita a abrir nuestros corazones al amor sin condiciones y la aceptación de las debilidades y diferencias humanas, no como debilidades, sino como cualidades únicas y maravillosos patrones de diversidad.
La madre es uno de los símbolos o arquetipos religiosos más antiguos y a menudo está conectada con el océano primordial o la Tierra misma. La madre es misteriosa, nutritiva y sustentadora, pero también peligrosa, oscura y destructiva. De ella proviene la abundancia y el poder de dar y mantener la vida, pero también el hecho inevitable de la muerte. La madre es matriz y tumba, y contiene todo el ciclo de nacimiento y muerte dentro de su ser.
Cáncer está en sintonía con la fuente de la vida, que es creativa y destructiva. Este es el caos primordial simbolizado por los Uroboros, la serpiente que se come su propia cola. En la forma de la Madre Oscura, es de lo que se tiene que escapar, pero también es a lo que se debe regresar a un nivel superior como lo divino femenino.
Es el inconsciente colectivo que contiene todo y unifica los opuestos. Comienza en un estado indiferenciado de fusión o caos, pero luego se divide en dos para volverse consciente y conocerse a sí mismo.
Cáncer puede resistir esa división y permanecer fusionado con la madre en un intento de mantenerse a salvo. Pero la vida nos sacará del nido tarde o temprano.
La Madre exige el reconocimiento y la honra de los ciclos naturales de la vida, la muerte y la renovación. Pero ella también puede convertirse en una amenaza: el lado oscuro de la madre. El lado oscuro de Cáncer es la Madre Terrible que asfixia en nombre de la protección y la seguridad. La Madre Oscura es la parte de la naturaleza que siempre está tratando de devolvernos a la inconsciencia y debe ser superada.
Este proceso se muestra en la evolución de la mitología, donde las antiguas madres fueron derrocadas por los dioses y héroes del Sol. Estos mitos marcan el surgimiento del nuevo orden patriarcal, pero también representan un hito psicológico importante en el desarrollo de nuestra conciencia: el nacimiento del ego (representado en astrología por el Sol, en mitología es Apolo).
Cáncer es el arquetipo de protección, cuidado, nutrición y establecimiento de raíces. Mediante una sintonía sensible con la emoción, la imaginación y el sentimiento, Cáncer envía energía curativa al mundo. Cáncer simboliza a la madre que satisface las necesidades de los demás y que mantiene unidas a las familias. El modo externo de expresión de Cáncer le permite cuidar y nutrir sin cesar.
Las personas que tienen planetas en Cáncer adquieren esa habilidad especial que las madres tienen de previsión, tan fácilmente se impresionan por los sentimientos y los contornos emocionales. Simplemente saben cuándo las personas sienten dolor o sufrimiento, incluso cuando están a kilómetros de distancia. De los tres signos del elemento agua, Cáncer es el activador y creador de la imaginación y el maestro en expresar las emociones. Puede ser el más tradicional, pero está dedicado profundamente a aquellos a quienes ama, toda la vida.
Este arquetipo trata de anclar el corazón en el flujo vivo e intuitivo del amor (vida) y abrir el corazón a la dimensión del sentimiento de la experiencia humana. Cuando esto sucede, el corazón se calma y el alma está viva a medida que las personas tienen el poder de aceptarse y perdonarse mutuamente. Cáncer enseña que en el centro del ser hay un templo de silencio sagrado donde se puede comulgar con la divinidad. Encontrarlo es descubrir la compasión por todos los seres vivos.
Cáncer y la Luna simbolizan el establecimiento de un hogar físico, así como el hogar espiritual de nuestras almas que me gusta llamar el Bien del Ser. La cuarta casa o Nadir en la carta natal es el campo de la experiencia de vida que se relaciona con este pozo interior que contiene el río subterráneo de la memoria ancestral. Nos une a las tradiciones que se han transmitido. Cáncer gobierna el bienestar emocional y la cuidado.
Nuestros hogares y familias nos ofrecen una fuente indulgente de protección y nutrición. El hogar es un lugar que alimenta el alma con horas y horas de tranquila reflexión. Nos infunde un sentimiento de estabilidad y seguridad emocional. Cuando lo dejamos, un cordón psíquico siempre nos conecta de regreso al lugar donde soñamos, comemos y amamos. Las viviendas contienen cuartos como el caparazón de un cangrejo en el que podemos vivir y compartir la vida con otros, invitándolos a sentarse en nuestros hogares y mesas. El empático Cáncer inspira a nutrir, proteger, cuidar y abrir el corazón en el campo de la experiencia de vida que marque en la carta natal.
La casa astrológica con Cáncer en la cúspide es donde la persona debe ser una fuente de perdón, apoyo y anhelo conmovedor. Lo mismo ocurre con la casa que contiene la Luna, el alma de la carta natal. Es en esos reinos de la experiencia de la vida que puede mostrar a otros cómo navegar la emoción y crear imaginación. Si el alma no se alimenta, la imaginación se vuelve rígida.
Cáncer gobierna el estómago, los senos, el abdomen y el campo emocional de nuestras almas. Coloque su mano sobre su vientre y sienta su suavidad, el lugar donde se digieren los alimentos. La madre da alimento al bebé a través de los senos suaves. Cáncer gobierna la leche de la vida. Y cuando sucede algo terrible, lo primero que hacemos es enroscar nuestros cuerpos hacia adentro en esa posición fetal familiar y ancestral. Contenemos el estómago cuando nos sentimos mal.
Cuando la energía de Cáncer está mal dirigida, la persona se vuelve ajeno a todas las necesidades, excepto la suya. Entonces puede volverse extremadamente presumida, histérica y llena de preocupación y miedo. Perdida en la sobreprotección emocional, la sombra de Cáncer emerge haciéndonos irritables e irracionales. La persona se vuelve autocomplaciente y puede comer o beber solo para sentirse seguro como cuando era un bebé. La inseguridad y la falta de sensibilidad es el signo de Cáncer agotado y solitario. Se aprende a superar la sombra expresando el signo opuesto Capricornio, ganando disciplina, responsabilidad y sabiduría.
La palabra clave ‹protección› aparece en los lados claro y oscuro de Cáncer. Los cancerianos son grandes protectores, pero cuando se vuelven inseguros y preocupados por las cosas se vuelven demasiado protectores. Esta sobreprotección alimenta rápidamente la manipulación emocional y los desplazamientos de culpa dirigidos a las personas que aman.
El principio espiritual de Cáncer es la compasión, el reconocimiento de que las personas están siendo las mejores personas dentro de los límites de su educación, educación y conciencia actual. Esto incluye a aquellos que se perciben como enemigos. Se puede tener compasión por todos si así se decide. La mejor táctica es responder al comportamiento destructivo con amor y perdón. Esa es la esencia cálida y restaurante de la compasión de Cáncer.


Bibliografía:
• Andreu, Teresa. (2002): Astrología y mitología: los mitos que vivimos, Barcelona, Editorial Índigo.
• Cardona, Francesc Lluis (2018): Mitología Romana, Barcelona, Ediciones Brontes.
• Eratóstenes. (1999): Mitología del firmamento. Catasterismos, traducción y notas: Antonio Guzmán Guerra, Madrid, Alianza Editorial.
• Graves, Robert. (2011): Los Mitos Griegos, vols. I y II, Madrid, Alianza Editorial.
• Green, Liz. (1984): Astrology of the Fate, Boston, Weiser Books.
• Guttman, Ariel; Guttman, Gail; Johnson, Kenneth. (2005): Astrologia e Mitologia. Seus Arquétipos e a Linguagem dos Símbolos, São Paulo, Madras Editora.
• Hard, Robin. (2008): El gran libro de la mitología griega, Madrid, Editorial La Esfera de los Libros.
• Jünger, Friedrich Georg. (2006): Los mitos griegos, Barcelona, Editorial Herder.
• Tarnas, Richard. (2009): Cosmos y Psique. Indicios para una nueva visión del mundo. Girona, Ediciones Atalanta.

Imágenes:
Dmtian – Zodiac: Cancer.
Cornelis Da Cort: Grabado sobre el segundo trabajo de Heracles: Matar a la Hidra de Lerna, c. 1565 (Achenbach Foundation for Graphic)
Lady Amalthea – Constelación de Cáncer.
Lady Amalthea – Leto, la diosa de la maternidad. Collage.
Rebenke – Leto y Hera.

Comentarios

María ha dicho que…
Me encanta este blog! Felicidades. Muy interesante exposición.
IЯERI CALDERÓN ha dicho que…
Gracias por tu comentario y visita.